La ternura de Guayasamín

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Frente a ella lo único que queda es callar, estremecerse, llorar de alegría. La Ternura, fielmente retratada por una persona que tuvo la sensibilidad y el valor para ver al interior de nosotros mismos.

Creo que no podré llevarme una mayor enseñanza de Quito que la del maestro Guayasamín. Caminar por su casa y participar de su obra, es un viaje completo a la historia de todas las miserias de la humanidad y particularmente, a la de nuestra Latinoamérica.

Son las manos que trabajan la tierra, los rostros de nuestra América, la bondad, la inocencia. ¿Cuál malicia indígena? La malicia no es indígena, sí que lo he podido corroborar al viajar por el campo ecuatoriano. Falta encontrarse con un artista semejante para empezar a darse cuenta cuán importante es la estética en la dominación de un pueblo. De niño aprendí sobre la Gioconda de Da Vinci y sobre las obras más importantes de los artistas del renacimiento —jamás sobre obras tan importantes como las del maestro Guayasamín—, sobre los europeos que nos descubrieron, llegando a una tierra de “atrasados”, de “animales”.

De niño lo único que me cabía en la cabeza al pensar en indígenas era atraso, salvajismo. Duele que no exista en nuestro país una política educativa que por lo menos le haga justicia a lo que fuimos. Una educación que consista en más que despojarnos de lo que somos y ajustarnos a todo lo que vino de Europa. Urge empezar a contarnos la historia partiendo de vernos como mucho más que un montón de atrasados sub-desarrollados.

No soy indígena ni pretendo serlo, soy el resultado de uno de los fenómenos más importantes de la historia de la humanidad. Soy hijo del mestizaje, de la resistencia y de la opresión; y eso es precisamente lo que veo en la obra de Guayasamín, un reflejo de lo que somos. Aprender a ver al interior de nosotros mismos y comenzar por contarnos la historia como es. Con la colonia no solo desaparecieron los minerales y los metales, desapareció también una cadena de valores firmemente construida durante años, de relación con la tierra y con nuestros semejantes.

Hoy me convenzo aún más de que los cambios se pueden generar de uno en uno, siempre y cuando estemos dispuestos a asumir nuestro pasado y nuestras raíces; siempre y cuando comencemos a vernos como interlocutores válidos en este sala de discusión de las naciones. Tenemos los saberes que las potencias ignoran, tenemos la tierra, tenemos la experiencia.

Nos invito a creer que es posible generar modelos de desarrollo de sociedad al margen de las propuestas de occidente, de forma honesta, sin ningún tipo de fanatismo. Siendo razonables y sabiendo que importa poco si somos o no somos indígenas, pero que parte de esa sabiduría primaria corre aún por nuestras venas y las de toda esta tierra grande.

Nos invito a apoyar los proyectos de todas aquellas personas que están dispuestas a tener un canto propio y una propia voz. Son tiempos de cambio y de buen viento; es nuestro deber estrechar lazos y hacer todo lo posible para animarnos unos a otros, para conservar y avivar ese fuego tenaz que ahora siento que se encuentra en nuestros corazones.

¿Alguna vez se han preguntado cómo se ve la ternura? Vengan a Quito…

Quito, Ecuador. 10 de Agosto de 2012

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